El político

mancomunitatEl inicio del compromiso de Puig i Cadafalch con la política lo podríamos fechar en 1886, cuando Puig ingresa en el Centro Escolar Catalanista, verdadero vivero de grandes políticos de los años a venir, como Prat de la Riba o Cambó.
Será Presidente en el curso 1889-90. De hecho, sin embargo, su patriotismo ya lo había puesto de manifiesto a los 16 años en poemas publicados en “El Semanario de Mataró”.
En 1892 es delegado por el municipio de Mataró en la Asamblea de las Bases de Manresa, convocada por la Unión Catalanista, que presidía el también arquitecto Domènech i Muntaner.
Sabemos que en 1893 ya era miembro de la Liga de Cataluña, encuadrado en la sección de Literatura y Bellas Artes.
Entre 1890 y 1900, Puig escribe a menudo en “La Renaixença”, desde donde critica el caciquismo político y reivindica el estudio y la puesta en valor de la arqueología y de la arquitectura patria, como camino para llegar al alma del país, a las esencias de la nación catalana.
Domènech i Muntaner publicaría el manifiesto “Hacia una arquitectura nacional” que va en la misma dirección y Prat de la Riba, en las primeras páginas de “La nacionalidad catalana” (1906) utiliza un lenguaje similar. Las “formas”, al servicio de “hacer país”.
En 1901, junto con Prat de la Riba, Cambó y otros, Puig contribuye a fundar la Liga Regionalista de Cataluña. El portavoz del nuevo partido será “La Voz de Cataluña” que, impulsado por Prat de la Riba, defenderá una actitud mucho más intervencionista en la política que no lo hacía “La Renaixença”. Puig i Cadafalch será uno de los escritores asiduos. El lenguaje empleado por Puig es contundente; como cuando escribe:
“… La cuestión catalana no es de buena o mala administración; no es de moralidad administrativa, no es solamente de buen o mal gobierno, sino que es una cuestión de ser o no ser.
Los catalanes queremos ser mejor regidos, más bien administrados; mas antes que todo queremos ser catalanes con todo lo que necesita un pueblo para existir “…

En 1901 es elegido concejal del Ayuntamiento de Barcelona, cargo que mantendrá hasta 1905.
Se espera de los nuevos concejales que cambien el funcionamiento corrupto de la Institución y que aporten conocimiento técnico y profesional. Y así lo promete Puig en un artículo en “La Voz de Cataluña” en Enero de 1902. Además, “L’Esquella de la Torratxa” publica una caricatura donde le hace decir a Puig: “La tarea es colosal / pero a mí no me arredra. / de este mal caserón / no debe quedar piedra sobre piedra. ”
En 1906 se crea Solidaritat Catalana, como reacción a los hechos del “Cu-Cut” y de “La Voz de Cataluña” y a la Ley de Jurisdicciones.
El éxito electoral de Solidaritat permitió que en 1907 Puig i Cadafalch fuera elegido Diputado a Cortes por Barcelona. En el discurso inicial Puig será, como siempre, directo. Enric Jardí reporta este fragmento:
“Ante este Estado caduco, ante este Estado que no es el órgano adecuado de la variedad de ciudadanos; ante vosotros, representantes de las postrimerías de ese Estado centralista, venimos nosotros, los representantes de la libertad colectiva “…
Se mantendrá en este cargo hasta 1910 interviniendo, básicamente, a favor de la cultura, las infraestructuras y las transferencias de servicios.
En 1913, Puig i Cadafalch entra en la Diputación de Barcelona; lo que le permite trabajar codo a codo con Prat de la Riba, en una tarea que se hará más evidente a partir de la creación de la Mancomunidad, en 1914. Puig será reelegido Diputado hasta 1923.

Tras la muerte de Prat de la Riba, en Agosto de 1917, Puig i Cadafalch, que ya era uno de los ocho miembros del Consejo Permanente de la Mancomunidad, es elegido Presidente al vencer, de forma bastante ajustada, el otro candidato, Joan Rovira y Agelet.
La colaboración con políticos de diversa ideología, iniciada por Prat de la Riba, fue continuada por Puig i Cadafalch. Por un lado, porque a ambos les había sido necesario hacer de la necesidad virtud, dada la complejidad política que reflejaba el mismo Consejo Permanente y del otro porque se produjo un momento dulce en que fueron numerosos los políticos que supieron ponerse al servicio de construir el país, antes que ningún otro interés partidista.
En todo caso, Puig continuó y concretó el proyecto de Prat de una forma tan idéntica, que las actuaciones se confunden y se atribuyen a menudo a uno u otro protagonista, indistintamente.
Puig i Cadafalch fue reelegido en el cargo de Presidente en 1919, 1921 y 1923.
En 1920 Puig logra el traspaso de servicios y recursos de las cuatro Diputaciones catalanas a la Mancomunidad, lo que permitirá – aunque dentro de una notable escasez de recursos – dar un empujón al presupuesto y a los proyectos de la Mancomunidad.

La tarea de Puig como presidente, tendrá muchos frentes abiertos. Uno muy importante, la lucha en Madrid para conseguir más autonomía para Cataluña, con Cambó llevando la voz cantante, como ya había hecho en vida de Prat.
El otro frente lo tenía en Cataluña mismo, con la radicalización de los partidos políticos y sobre todo de las centrales sindicales. La lucha entre sindicatos y patronales que degeneró en el pistolerismo de los dos bandos, la influencia del triunfo de los bolcheviques en Rusia (1917), las huelgas etc .. llevarán a una situación social insostenible.
Albert Balcells tiene muy bien estudiado este período, donde la Mancomunidad y el propio Presidente eran llamados para hacer arbitrajes entre los bandos enfrentados, con un éxito muy escaso.
Todo ello lleva al golpe de Primo de Rivera de 1923. Puig no se enteró hasta unas horas antes.
Después de que Primo de Rivera aceptara reunirse con el Presidente de la Mancomunidad y de darle garantías de respetar el más esencial de los derechos de Cataluña, el Consejo Permanente de la Mancomunidad hizo público un comunicado apoyando al general a partir de aquellas bases.
Ninguna de las promesas fue cumplida y el mismo día que el comunicado de la Mancomunidad aparecía en la prensa, se prohibía el catalán en corporaciones públicas y el uso de la bandera catalana, entre muchas otras vejaciones.
Las consecuencias de estos hechos pesarán como una losa en las futuras valoraciones de Puig i Cadafalch como político, por bien que sea clara la traición de Primo de Rivera a la Mancomunidad y a su Presidente.
A finales de 1923 Puig i Cadafalch se autoexilia en Francia para dedicarse a actividades de investigación en el campo de la arquitectura y la arqueología.
Cuando, en 1930 cae Primo de Rivera, Puig vuelve a ser diputado en la Diputación de Barcelona.
El estallido de la guerra civil le obliga a exiliarse de nuevo en Francia, de donde volverá en 1941.

Hay que valorar especialmente su tarea de mantener vivo el Instituto de Estudios Catalanes, presidiéndolo y reuniéndolo, clandestinamente, en su casa y el hecho de salvar una importante documentación de la Mancomunidad que, encontrada muchos años después, ahora está bien conservada en el Archivo Nacional de Cataluña.
Murió el 23 de diciembre de 1956, a la edad de 89 años y fue enterrado en Mataró, su ciudad natal.
Son varios los historiadores que coinciden en que Puig fue más un administrador que un político. Y él mismo no se escondió de afirmarlo a personajes como Pla o Azorin o en algunos de sus propios discursos. Estaba convencido de que el mundo de los políticos estaba lleno de luchas estériles y partidistas y él era un hombre con un gran sentido práctico y con una gran cartera de proyectos para salir adelante.
Aceptó siempre, sin embargo, los sitios que su partido le designó convencido, muy probablemente, de que a pesar de las deficiencias obvias, sólo el compromiso político permite llevar a cabo las iniciativas importantes al servicio del país.

Esteve Mach i Bosch
Argentona 2012